Le preguntamos a dos personas ligadas al mundo mapuche sobre su visión del rol que ha jugado la Iglesia en el conflicto que se desarrolla entre el pueblo mapuche y el Estado chileno, específicamente sobre el rol que hemos tenido, el que tendremos y el que debiéramos tener como Iglesia. Las diferencias y similitudes no dejan de sorprender frente a un mismo tema; identidad, autonomía y nación se ponen en juego en estas dos entrevistas.
Carlos Bresciani sj., de la pastoral mapuche de la arquidiócesis de Concepción, vive en la misión jesuita de Tirúa, hemos querido entrevistarlo para conocer su visión como sacerdote.
Carlos Bresciani sj., de la pastoral mapuche de la arquidiócesis de Concepción, vive en la misión jesuita de Tirúa, hemos querido entrevistarlo para conocer su visión como sacerdote.
1. ¿Qué rol ha jugado la Iglesia Católica en el conflicto mapuche a través de la Historia?
Una primera aclaración. Cuando se habla de conflicto mapuche en realidad debería hablarse del conflicto del estado de chile con el pueblo mapuche. Conflicto mapuche es una expresión que se nos vende desde los medios de comunicación para poner el acento de lo conflictivo en el mapuche. Siendo esto una nueva forma, más sutil, de criminalización del movimiento social mapuche. Este punto es relevante como primera aproximación al rol de la Iglesia en su caminar con el pueblo mapuche. Nos pone en una perspectiva más amplia de las acciones que la misma Iglesia ha realizado en la historia. En este sentido la Iglesia ha sido muchas veces cómplice de una historia de intolerancia con el pueblo mapuche siendo parte de una actividad misionera aliada con el poder conquistador y colonizador en procesos de asimilación que no han respetado, reconocido y valorado el proyecto histórico de vida del pueblo mapuche. Pero, así como la actitud de algunos cristianos produjo grave daño al testimonio evangelizador, otros tantos han dejado su vida y su sangre en el territorio mapuche defendiendo la paz en nombre de la fe. Desde siglos atrás hombres y mujeres de Iglesia alzaron su voz en defensa de los derechos del pueblo mapuche . En las últimas décadas han sido nuestros obispos del sur los que han declarado con fuerza: “El común empeño por la construcción de la justicia social en nuestra patria debe considerar el respeto a los derechos de los pueblos originarios. Esto implica la voluntad política de llegar a un reconocimiento constitucional del pluralismo étnico de la patria común. Esta voluntad se ve menoscabada por los prejuicios, el desconocimiento o la criminalización de las legítimas demandas de reconocimiento de los derechos del pueblo mapuche.”
2. ¿Qué rol juega la Iglesia hoy en este conflicto?
El pueblo mapuche está ahí, con plena conciencia de ser un pueblo y ha resistido constituyéndose, hoy por hoy, en una realidad que cada vez con mayor fuerza clama y reclama su verdadero lugar en la sociedad de esta tierra. Esto a pesar de los intentos de antes y de ahora por suprimirlos, asimilarlos, absorberlos en un proyecto histórico ajeno a la propia manera de mirar y vivir el mundo. Reconocernos como una sociedad pluricultural en la que convivimos chilenos, mapuche, rapanui, aymaras y otros pueblos indìgenas, es reconocer que en nuestro país conviven diferentes Pueblos y cada uno con sus derechos y deberes. Reconocer al pueblo mapuche como Pueblo es aceptar que tienen su propia historia, territorio, lengua y cosmovisión. En otras palabras es aceptar que tiene su propia identidad.
Ante esto la Iglesia no puede quedar en una antievangélica imparcialidad. Desde el corazón de la Iglesia y alentada por la Buena Noticia de Jesús surgen voces de nuestros obispos, sacerdotes y muchos laicos y laicas en solidaridad con el pueblo mapuche. Se han generado en el último tiempo espacios de encuentro y diálogo no solo al interior de la misma Iglesia, sino también en diferentes espacios sociales de modo de generar conciencia de esta realidad y también de generar los puentes para que nos reconozcamos todos los hijos e hijas de esta tierra, en nuestra diferencia, como hermanos. Detrás está el convencimiento que el anuncio del reino de Dios se encarna en proyectos históricos de vida en cada cultura y pueblo.
3. ¿Qué procesos afrontaremos en lo pronto en este conflicto? (¿qué se viene respecto a este conflicto?)
Es una oportunidad y una encrucijada. Oportunidad de vida plena para los pueblos de este país. Muchos hablan de desgracia y son agoreros de la desintegración nacional. Creo que es una gran oportunidad nacida de la propia conciencia de pueblo del mapuche para sumarse en un gran movimiento social para el reconocimiento de la naturaleza pluricultural y plurinacional de nuestro país. Riqueza para todos. En este sentido, la encrucijada y decisión a tomar es en concreto luchar por el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. Reconocimiento no folclórico de una mera costumbre o tradición cultural, sino de los derechos y deberes políticos y sociales de ser Pueblo. Así como el cumplimiento de las promesas de modificación de la Ley antiterrorista y su no aplicación al movimiento social mapuche.
4. ¿Qué rol debiera jugar la Iglesia en lo que se viene en este conflicto?
Tendremos como Iglesia, y de hecho muchos han hecho este proceso, que hacer en primer lugar el camino de la kénosis para silenciar y deshacerse de nuestra propia palabra para pasar a escuchar el habla y la palabra de la gente de la tierra. Es un proceso de “irrelevancia” y “dislocamiento” que implica, por parte de la Iglesia, vivir (y sufrir) la falta de sentido y de palabras para llegar al mundo mapuche con una palabra que tenga sentido.
En segundo lugar colaborar para ayudar a generar los espacios de diálogo. Ser provocadores de conciencia de la necesidad de un reconocimiento verdadero de los proyectos históricos de los pueblos que pasa por preguntarse dentro de la misma Iglesia por su identidad y praxis eclesial en relación el pueblo mapuche.

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