En el mes de la patria a todos los chilenos nos une ese espíritu de festividad que traspasa barreras sociales reuniéndonos de esta forma en una misma celebración. Es la oportunidad entonces para cuestionarnos dentro de esta aparente unidad ¿Es nuestro país una gran Comunidad Nacional? ¿Está Chile unido por una sola comunidad? Diferentes invitados nos darán su visión para poder acercarnos a la respuesta de esta cuestión.
Desigualdad
por Claudio Orrego Larraín, Alcalde de Peñalolén
Estamos en tiempos de reflexión y acción. Reflexión porque las movilizaciones estudiantiles nos llaman necesariamente a repensar en los valores que hoy queremos que predominen en nuestra sociedad. La dignidad del ser humano, valor superior a cualquier cosa, el respeto irrestricto de los Derechos Humanos independiente de consideraciones religiosas, sociales o políticas y un tercer valor que vela por una sociedad diversa, me refiero al pluralismo y tolerancia.
Si reflexionamos en base a estos valores debemos preguntarnos, ¿Podemos vivir tranquilos en una sociedad con diferencias tan abismantes? ¿Podemos pensar en llegar a ser desarrollados cuando un sector tan importante del país se nos queda atrás?
Si recorremos Chile y lo miramos en lo profundo podemos observar diferencias que hieren nuestra noción de justicia y humanidad. Mientras algunas comunas tienen 18 metros cuadrados de áreas verdes (como Vitacura), otras no alcanzan a tener un metro cuadrado (Cerro Navia). Mientras algunas tienen 1 carabinero cada 436 personas (Lo Barnechea), en otra existe 1 policía uniformado cada 1.724 habitantes (Maipú). Igual pasa con la cantidad de farmacias, bancos y un sin número de servicios que le dan rostro concreto a esa abstracta noción de calidad de vida que con tanta frecuencia hablamos los políticos.
Es el momento de la "indignación", debemos rebelarnos contra las profundas desigualdades de nuestra sociedad. Pero esta indignación debe ir acompañada de la acción y construcción social a la cual todos estamos llamados a participar.
Nación
por Luís García-Huidobro
Para ser nación hay que tener una historia, horizontes simbólicos relativamente homogéneos, quizá una lengua, hasta hace poco se decía que incluso una religión. Eso en Chile no es así, a pesar del intento uniformador promovido con el sistema escolar, con la Iglesia Católica y con el ejército.
El movimiento ciudadano actual parece que algo de eso ve -en las marchas y domingos familiares son miles las banderas del Consejo de Todas las Tierras, hoy casi oficialmente reconocida como bandera del Pueblo Mapuche, pero para algunos intelectuales mapuche conocida como “la bandera de la Patria Vieja”-.
Pero la clase dirigente wingka no lo ve. Mientras en las ciudades de todo Chile la alegría de la revolución se empaña no por los encapuchados –que cansados de andar pateando piedras hoy las toman con las manos- sino por la muerte de Manuel Gutierrez en manos del Estado; en Wallmapu se va gestando invisiblemente la revolución y las muertes de 15-20 años más, cuando el planteamiento mapuche sea “la única manera de no ser una nación invisible es sacar el conflicto de nuestro territorio” y nos demos cuenta de que “algo nuevo está pasando” porque hubo un ataque suicida en el metro de Santiago.
A mí también me choca. Se me paran los pelos. Esto es tabú.
Educación
por José Ignacio Maritano, representante estudiantil Derecho UC
En toda comunidad la educación es un bien de la mayor importancia: permite a sus miembros desarrollar sus habilidades y potencias, progresar espiritual y materialmente, conocer el medio que nos rodea y aprender a relacionarse con los demás. No son éstos sólo bienes individuales, sino que afectan positivamente a la comunidad toda.
Es propio de una comunidad -a diferencia de lo que podría ser un conjunto de individuos u otra asociación-la corresponsabilidad y cuidado mutuo con que actúan sus miembros, con una “común unidad” de fines y medios.
¿Es Chile una comunidad desde el punto de vista educativo? Con uno de los sistemas más segregados del mundo, que valora el negocio por sobre la calidad, el interés nacional, el fomento de valores como el reconocimiento mutuo o la formación de ciudadanos cívicamente responsables, difícilmente pasaríamos el test de la blancura.
Los principios de la transmisión del privilegio y la mercantilización de la educación en contraposición a su vigencia como derecho social, violentan sin duda la idea de una verdadera comunidad y crean estructuras injustas y excluyentes dentro de la misma.
La reforma educacional que hoy una mayoría ciudadana reclama busca fundar el sistema educacional en nuevos principios, basados en la justicia, igualdad y calidad. Todo esto no para los privilegiados que acceden actualmente al sistema, como algunos erróneamente han señalado, sino que especialmente para quienes deben desertar del mismo o para los cuales no representa ni siquiera una opción real, y que podrían desplegar todas sus capacidades para la comunidad nacional.
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