jueves, 24 de mayo de 2012
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domingo, 27 de noviembre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
Entrevista Fernando Pairican: La cuestión Mapuche
Le preguntamos a dos personas ligadas al mundo mapuche sobre su visión del rol que ha jugado la Iglesia en el conflicto que se desarrolla entre el pueblo mapuche y el Estado chileno, específicamente sobre el rol que hemos tenido, el que tendremos y el que debiéramos tener como Iglesia. Las diferencias y similitudes no dejan de sorprender frente a un mismo tema; identidad, autonomía y nación se ponen en juego en estas dos entrevistas.
Fernando Pairican, licenciado en Historia, que se ha dedicado al tema desde un punto de vista histórico-social.
1. ¿Qué rol ha jugado la Iglesia Católica en el conflicto mapuche a través de la Historia?
La Iglesia Católica jugó el rol de ser parte de la colonización del territorio mapuche, de tratar de ingresar por el mundo de la mentalidad, de hecho fueron el chivo expiatorio de la colonización militar previa a la colonización ideológica. Este fenómeno se dio con fuerza en toda Latinoamérica, llegando a ser la Iglesia, en cierto sentido, responsable del genocidio que sufrieron los pueblos indígenas con la llegada de los colonizadores. La Iglesia sustentó creencias que dieron paso a la colonización, como por ejemplo que no teníamos alma, que no teníamos tradiciones, que éramos bárbaros. El Padre Luis de Valdivia, tuvo otra visión mucho más progresista, defendiendo la vida de los indígenas al reconocerlos como seres humanos.
Otro hecho importante acontece después de la ocupación de la Araucanía en 1883, donde la Iglesia entra a los territorios mapuches a colonizar y evangelizar, siendo los capuchinos la punta de lanza y generando misiones para hacer entender el castellano e ingresar el catolicismo a través de la lengua. De hecho mucho de la cosmovisión mapuche se tiende a perder porque hay mucho de las tradiciones católicas ahí. Estas han sido las etapas más oscuras de la Iglesia.
2. ¿Qué rol juega la Iglesia hoy en este conflicto?
Hoy día, a raíz de la huelga de hambre, la Iglesia ha jugado un rol importante en el tema de los derechos humanos que cabe rescatar. No sé si han entendido o se dieron cuenta de que éramos sujetos sociales y políticos y ahí la Iglesia ha jugado un rol clave; Ezzati como mediador, los jóvenes cristianos y la Iglesia católica jugando un rol importante, tan clave como el que jugaron para los derechos humanos en la dictadura.
Yo creo que hay una mirada que ha sido bien progresista, que me sorprendió en una etapa, porque logro entenderla cuestión social mapuche, pero creo que son contados con los dedos. Los jesuitas están en esto, con su misión en Tirúa, entendiendo el tema político el cual es clave; entender que la autonomía de autodeterminación como proyecto político no es algo negativo para la sociedad chilena sino que es algo positivo que ayuda incluso a democratizar aun más la sociedad. Porque ellos han sido clave, se han descolonizado ideológicamente y mentalmente del tema mapuche, no somos bárbaros, han hecho un aporte para terminar con el tema del racismo y ver al mapuche como sujeto histórico y social. El resto de la Iglesia yo creo que está perdida en el umbral tienen más problemas y yo creo que no se han sentado a entender el tema mapuche, tienen una visión un poco paternal.
Sin embargo, Ezzati irrumpe en el tema mapuche positivamente, pero hay un trabajo anterior que está andando en algunos sectores dentro de la Iglesia, especialmente los jesuitas. Lo que está haciendo Chomalí es parte de este legado que deja Ezzati, de una Iglesia como actor político, una Iglesia en los temas actuales. Esto necesita la Iglesia una renovación, estaba muy pegada en otras cosas y les aparece este tema positivamente y en el momento justo, podría haber sido cualquier otro. También el tema mapuche se ha dado a conocer, se ha entendido que es un tema de derechos, un tema social, de defender las tierras, que sintoniza con esta visión de cristianismo que debería tener cualquiera. Hay una cercanía en algunos temas.
3. ¿Qué procesos afrontaremos en lo pronto en este conflicto? (¿qué se viene respecto a este conflicto?)
El tema mapuche es un tema político, es un tema social. El mundo mapuche hasta 1997 era muy distinto al que es hoy día, era un mundo que se sentía cabizbajo se sentía menospreciado, de hecho los mismos nombres no eran mapuches eran Fernando, Ramón, nombres españoles, hay un blanqueamiento forzado. Sin embargo con la conflictividad que emergió el pueblo mapuche generó un nuevo orgullo , un orgullo de ser mapuche, ser indio no significa ser borracho, flojo o tonto, lo más despreciable de la sociedad, significa ser importante que tienes un mundo distinto y que tienes una visión de futuro totalmente distinta, y una sintonía por construir un mundo distinto. Creo que eso es lo mejor que tiene el mundo mapuche.
Creo que a futuro el mundo mapuche va conseguir su autonomía, va a cimentar su bandera en todos los rincones del territorio mapuche. Esta es la época dorada de la intelectualidad mapuche donde hay historiadores, poetas, antropólogos, músicos, pintores, discutiendo sobre el tema de la nación y qué queremos discutir o que queremos reconstruir, porque en realidad éramos una nación independiente antes del estado chileno. A futuro veo un mundo mapuche muy constituido, un mundo mapuche que termina su estado subalterno, que deja de sentirse colonizado y que hoy día reivindica sus derechos. Hay una nueva mística dentro del mundo mapuche, hay una autorreafirmación.
4. ¿Qué rol debiera jugar la Iglesia en lo que se viene en este conflicto?
Yo creo que la Iglesia va a jugar un rol clave más adelante, el rol que jugó Ezzati en la huelga, pero a un nivel más nacional; ser los avales de la negociación entre el pueblo mapuche, con todas sus organizaciones representativas, y el Estado chileno. Yo me imagino que la Iglesia va a jugar ese rol clave, de acercar las partes y también de socializar el tema mapuche como un tema político, un tema social. La Iglesia va a jugar ese gran rol y más en el futuro van a ser los artífices de este diálogo, pero un diálogo de verdad, uno diálogo político con el movimiento político mapuche y el Estado mapuche.
Entrevista Carlos Bresciani sj: Mapuches, oportunidad y encrucijada
Le preguntamos a dos personas ligadas al mundo mapuche sobre su visión del rol que ha jugado la Iglesia en el conflicto que se desarrolla entre el pueblo mapuche y el Estado chileno, específicamente sobre el rol que hemos tenido, el que tendremos y el que debiéramos tener como Iglesia. Las diferencias y similitudes no dejan de sorprender frente a un mismo tema; identidad, autonomía y nación se ponen en juego en estas dos entrevistas.
Carlos Bresciani sj., de la pastoral mapuche de la arquidiócesis de Concepción, vive en la misión jesuita de Tirúa, hemos querido entrevistarlo para conocer su visión como sacerdote.
Carlos Bresciani sj., de la pastoral mapuche de la arquidiócesis de Concepción, vive en la misión jesuita de Tirúa, hemos querido entrevistarlo para conocer su visión como sacerdote.
1. ¿Qué rol ha jugado la Iglesia Católica en el conflicto mapuche a través de la Historia?
Una primera aclaración. Cuando se habla de conflicto mapuche en realidad debería hablarse del conflicto del estado de chile con el pueblo mapuche. Conflicto mapuche es una expresión que se nos vende desde los medios de comunicación para poner el acento de lo conflictivo en el mapuche. Siendo esto una nueva forma, más sutil, de criminalización del movimiento social mapuche. Este punto es relevante como primera aproximación al rol de la Iglesia en su caminar con el pueblo mapuche. Nos pone en una perspectiva más amplia de las acciones que la misma Iglesia ha realizado en la historia. En este sentido la Iglesia ha sido muchas veces cómplice de una historia de intolerancia con el pueblo mapuche siendo parte de una actividad misionera aliada con el poder conquistador y colonizador en procesos de asimilación que no han respetado, reconocido y valorado el proyecto histórico de vida del pueblo mapuche. Pero, así como la actitud de algunos cristianos produjo grave daño al testimonio evangelizador, otros tantos han dejado su vida y su sangre en el territorio mapuche defendiendo la paz en nombre de la fe. Desde siglos atrás hombres y mujeres de Iglesia alzaron su voz en defensa de los derechos del pueblo mapuche . En las últimas décadas han sido nuestros obispos del sur los que han declarado con fuerza: “El común empeño por la construcción de la justicia social en nuestra patria debe considerar el respeto a los derechos de los pueblos originarios. Esto implica la voluntad política de llegar a un reconocimiento constitucional del pluralismo étnico de la patria común. Esta voluntad se ve menoscabada por los prejuicios, el desconocimiento o la criminalización de las legítimas demandas de reconocimiento de los derechos del pueblo mapuche.”
2. ¿Qué rol juega la Iglesia hoy en este conflicto?
El pueblo mapuche está ahí, con plena conciencia de ser un pueblo y ha resistido constituyéndose, hoy por hoy, en una realidad que cada vez con mayor fuerza clama y reclama su verdadero lugar en la sociedad de esta tierra. Esto a pesar de los intentos de antes y de ahora por suprimirlos, asimilarlos, absorberlos en un proyecto histórico ajeno a la propia manera de mirar y vivir el mundo. Reconocernos como una sociedad pluricultural en la que convivimos chilenos, mapuche, rapanui, aymaras y otros pueblos indìgenas, es reconocer que en nuestro país conviven diferentes Pueblos y cada uno con sus derechos y deberes. Reconocer al pueblo mapuche como Pueblo es aceptar que tienen su propia historia, territorio, lengua y cosmovisión. En otras palabras es aceptar que tiene su propia identidad.
Ante esto la Iglesia no puede quedar en una antievangélica imparcialidad. Desde el corazón de la Iglesia y alentada por la Buena Noticia de Jesús surgen voces de nuestros obispos, sacerdotes y muchos laicos y laicas en solidaridad con el pueblo mapuche. Se han generado en el último tiempo espacios de encuentro y diálogo no solo al interior de la misma Iglesia, sino también en diferentes espacios sociales de modo de generar conciencia de esta realidad y también de generar los puentes para que nos reconozcamos todos los hijos e hijas de esta tierra, en nuestra diferencia, como hermanos. Detrás está el convencimiento que el anuncio del reino de Dios se encarna en proyectos históricos de vida en cada cultura y pueblo.
3. ¿Qué procesos afrontaremos en lo pronto en este conflicto? (¿qué se viene respecto a este conflicto?)
Es una oportunidad y una encrucijada. Oportunidad de vida plena para los pueblos de este país. Muchos hablan de desgracia y son agoreros de la desintegración nacional. Creo que es una gran oportunidad nacida de la propia conciencia de pueblo del mapuche para sumarse en un gran movimiento social para el reconocimiento de la naturaleza pluricultural y plurinacional de nuestro país. Riqueza para todos. En este sentido, la encrucijada y decisión a tomar es en concreto luchar por el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. Reconocimiento no folclórico de una mera costumbre o tradición cultural, sino de los derechos y deberes políticos y sociales de ser Pueblo. Así como el cumplimiento de las promesas de modificación de la Ley antiterrorista y su no aplicación al movimiento social mapuche.
4. ¿Qué rol debiera jugar la Iglesia en lo que se viene en este conflicto?
Tendremos como Iglesia, y de hecho muchos han hecho este proceso, que hacer en primer lugar el camino de la kénosis para silenciar y deshacerse de nuestra propia palabra para pasar a escuchar el habla y la palabra de la gente de la tierra. Es un proceso de “irrelevancia” y “dislocamiento” que implica, por parte de la Iglesia, vivir (y sufrir) la falta de sentido y de palabras para llegar al mundo mapuche con una palabra que tenga sentido.
En segundo lugar colaborar para ayudar a generar los espacios de diálogo. Ser provocadores de conciencia de la necesidad de un reconocimiento verdadero de los proyectos históricos de los pueblos que pasa por preguntarse dentro de la misma Iglesia por su identidad y praxis eclesial en relación el pueblo mapuche.
Entrevista Pablo Romero SJ

Conversamos con Pablo Romero SJ acerca de este nuevo tiempo que está viviendo luego de haber sido ordenando Sacerdote Jesuita, asumiendo también, casi al mismo tiempo, su rol como Asesor Eclesiástico de la CVX Jóvenes. Todo esto en un tiempo delicado para nuestro país, a qué se siente llamado como sacerdote en este contexto y a qué llama a la CVX, a continuación.
1. ¿Cómo ha sido este tiempo previo y luego de tú ordenación junto a otros 3 compañeros?
Este tiempo ha estado marcado por el afecto compartido. Me emocionó mucho el día de la ordenación ver a amigos míos del campamento donde había trabajado en Melipilla, ver a compañeros de colegio, de universidad, mi familia… Gente que no veía hace años. Y también recibir el cariño y apoyo de la CVX. Yo me siento caminando y haciendo Iglesia junto con la CVX. Y esto está plagado de amistad.
También ha estado marcada por la celebración misma de la ordenación. Me marcó la imposición de manos del Obispo y de mis compañeros jesuitas… Me sentí parte de una caravana de gente que ha experimentado el amor de Dios y que quiere dar gratis lo que gratis ha recibido.
Por último, estas semanas han estado marcadas por los nuevos servicios: las primeras misas en el San Ignacio El Bosque y en la Parroquia Santa Cruz; celebrar el sacramento de la reconciliación y la unción. Todos servicios en los cuáles me siento haciendo puente con el Señor.
2. ¿Qué significa para ti iniciar tu sacerdocio sirviendo en la CVX?
Quiero ser un sacerdote que le saca partido y colabora con el sacerdocio que todos los cevequianos tienen por el bautismo. Todos estamos llamados a ofrecer la vida a Dios. A apostar la vida con alguien y a alguien. Quiero acompañar eso. Quiero animarlo. Y la CVX no puede ser un mejor lugar para ello.
En la CVX he aprendido mucho y he disfrutado de relaciones entre laicos y curas que se asemeja y se quiere asemejar mucho más a lo que sueña la Iglesia en el Vaticano II. Una Iglesia donde religiosas, religiosos, curas y laicos se experimenten parte de un Pueblo de Dios necesitado. Todos nos necesitamos unos de otros y todos de Dios.
3. ¿Cómo crees que podemos servir más y mejor al país como Comunidad mayor?
El país está viviendo un tiempo de mucha pasión. La olla se ha destapado. Lo eclesial también. Las grandes heridas del país están sangrando. Me imagino a una CVX aportando discernimiento y experiencia de un Dios que trabaja en el mundo. Me imagino a la CVX como un lugar de envío de universitarios y jóvenes a comprometerse en lo político, en lo social y en lo eclesial. Con conocimiento interno de los más pobres. Enviados desde la Iglesia. Y me imagino a una CVX que es capaz de sostener y alimentar esos procesos en comunidad. Con gente disponible para guiar procesos de otros, ayudar a formar, a poner a otros con Dios y los pobres, y hacerse responsable de esta Iglesia.
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